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La vida en sí misma...



En estos tiempos de confinamiento son muchas las ideas, pensamientos y reflexiones que han ocupado mis ratos contemplativos. El ejercicio ha sido arduo, acumulamos ya muchas horas de ese tiempo preciado y exclusivo de mirarnos a nosotros mismos que nos ha regalado el aislamiento. Todo parece indicar que este ejercicio continuará el tiempo que sea necesario y que no deberíamos darnos demasiada prisa por declararlo terminado.


Nuestro vínculo con la vida, con el mundo que nos circunda, los límites de nuestra voluntad, cuán separados o conectados estamos de/con este mundo, cuál es la relación de mutua afectación que con el tenemos, el cambio de consciencia global, el Wu Wei (la acción sútil), las relecturas del Tao, los dioses y Kerenyi, son algunos de los temas y autores que han ocupado mis horas y días estos meses. Por ello pensé en compartir algo que me ha parecido valioso para los tiempos que vivimos.


Los griegos utilizaban, en su cotidianidad, dos términos para hacer referencia a la vida: bios y zoé. Mas allá de su evidente diferencia fonética, ambas palabras señalan a un significado también distinto. La palabra zoé representa a la vida "sin más caracterización" (Kerenyi, 1994), la vida de todos los seres vivos. Bios, en cambio, hace referencia a una vida caracterizada, una manera de existir, de ahí que sea el nombre originario de la biografía.


Considero de una gran riqueza esta distinción ya que nos permite mirar un sentido de vida en sí misma. Esto es, una vida que "acontece", independiente del observador o de quien dota de significado esa vida. Me viene la imagen del astronauta que desde la estación espacial mira a La Tierra y entiende, para bien, sobre esta otra vida independiente de nosotros. Tal como aclara Kerenyi en su estupendo texto "Dionisios, raíz de la vida indestructible", lo que hoy entendemos por Biología debería llamarse Zoología, en el entendido de que está última hace referencia a la vida en sí misma y no a la vida caracterizada por una persona, un animal o ser vivo en particular.


Zoé nos permite no perder de vista y reivindicar el sentido de la vida fuera de una construcción de sentido particular de una vida encarnada. Occidente, a mi modo de ver, y la modernidad como fenómeno cultural, ha extendido, y nos hemos apropiado de, una versión del sentido de la vida más parecido al concepto de bios, y hemos olvidado el sentido zoé del término vida. Me gusta mucho cuando Markus Gabriel advierte sobre el exceso de psicologismo que ha arrastrado en las últimas décadas a algunos corrientes filosóficas. Esta nueva forma de solipsismo ha tomado forma, a su parecer, a través de algunas interpretaciones derivadas hacia el terreno filosófico de disciplinas científicas rockstars como la neurobiología. Un exceso de ingredientes de esta, como de la genética y otras ciencias duras, en el terreno filosófico puede resultar en un entendimiento del mundo "real" como un mundo proyectado o interpretado, en últimas filtrado, desde el mundo interior.


El llamado de la postmodernidad se construye, fundamentalmente, como rechazo a una versión metafísica del sentido del "ser". Heidegger, afortunadamente, advertiría que no podíamos hablar del tal ser como entidad independiente de la acción de ser: el ser siendo (da sein). Pero en cualquier caso, la deriva ontológica de esta corriente reaccionaria fue la de entender la relación con la vida a partir del ser que dota de sentido pleno la existencia, y por tanto la realidad, en contraposición a un sentido dado por una determinada ideología o forma de pensamiento. En últimas, descrita por un sentido de vida caracterizado por aquel que, como un dibujante, diseña los trazos de su propia existencia.


La idea liberadora de que el hombre se constituye a sí mismo a través de sus acciones es sin duda muy tentadora. La vida individual, no obstante, no es ajena al todo, zoé nos recuerda la existencia de una vida independiente y/o no determinada por el ser. Una vida con la que nuestro bios se vincula porque es justamente gracias a esta que surge como posibilidad. Arístóteles, entendería bios como la vida humana caracterizada y remitiría zoé a la vida de los animales. Sus ideas, es claro, tendrían gran influencia en el posterior desarrollo de la concepción de vida heredada por Occidente.


En otras interpretaciones zoé cobra un sentido adicional. Es concebida como nuestro espíritu, la parte de nosotros que se aviva cuando nuestra alma se acerca a Dios. Zoé es nuestra imagen de Dios y es la parte de nosotros que no puede vivir sin Dios. Zoé, por otro lado, nos recuerda el infinito devenir de la vida, la continuidad y la mutación constantes, los ciclos de destrucción y creación, de esa vida no caracterizada que se perpetua y de la cual heredaremos y somos herederos.


Cuando Bert Hellinger trajo su idea de un nivel de consciencia sistémica que nos conecta con ese todo dándole el nombre de spirit mind, a su manera, siento que apuntaba en este sentido. Aunque era muy claro en dejar sentada nuestra responsabilidad frente a lo que hacemos con lo que nos es dado en la vida, la vida misma está relacionada con la fuerza evolutiva (tal como la llama Jan Jacob Stam) que nos mueve hacia adelante y que, desde mi propia mirada, nos pone las experiencias que necesitamos vivir, de las que necesitamos aprender y desde las cuales puede ocurrir nuestro movimiento evolutivo individual y colectivo.


Bogotá, Enero 2021