Dualismo y disolución: el camino de la integración en psicoterapia


"Todo pensamiento debería recordar la ruina de una sonrisa" Emile Cioran


He sido un fiel lector y seguidor de la obra de Emile Cioran desde muy temprano. Hoy reconozco la huella que muchos de sus aforismos dejaron en mí. Ese demoledor y fascinante verbo de Cioran servía de escapatoria a las largas y aburridas lecturas -aunque hoy reconozco necesarias- sobre ciencias sociales y racionalismo, post-racionalismo, empirismo clásico, lógica y fundamentación científica.


El famoso pasillo de Ingeniería de mi universidad, era un lugar cuasi mágico para descubrir el mundo. Imaginen para un chico de 18 años que llegaba a este mundo fantástico pasar a diario por aquel jardín del saber con los libreros, sujetos muy particulares que parecían gnomos, elfos, ocultos en apariencia humana, que sacaban de sus estantes cualquier libro que necesitaras en todas las disciplinas y autores imaginables. Fue ahí donde me encontré con Silogismos de la amargura, Ese maldito yo, Desgarradura, piezas únicas y fundamentales de mi biblioteca personal. Lecturas responsables de las divertidas riñas filosóficas con mi padre quien no dudaba en acusarme de nihilista e incendiario en cada momento que, de forma desprevenida y provocadora, citaba de algún pasaje de Cioran. Todavía me causa gracia y esbozo una sonrisa al ver su cara de reprobación e incredulidad.


Los que tienen cosas importantes por decir escriben de forma breve. Por ello el aforismo, como forma de escritura, tiene buen asidero en mentes brillantes. Lao Tse, a quien se le atribuye la autoría del texto fundacional taoísta (Tao Te Ching), también escribía a través del uso de aforismos.


"El Tao que puede ser nombrado no es el verdadero y eterno Tao"


Ambos, Lao Tse y Cioran, además hacían uso de un lenguaje que niega algo para afirmar lo contrario, lo que en lingüística llaman lítotes o lítote, también atenuación, una figura retórica que consiste en afirmar algo negando lo contrario. Pero hay un aspecto detrás de ello, a mi modo de ver, mucho más relevante que el uso del recurso lingüístico per se, y tiene que ver que cuando pienso y escribo de esta manera estoy incluyendo las polaridades.

Incluyo lo que es y también lo que no es. Lo que existe y lo que no existe, lo que puedo nombrar y lo que no, aquello de lo que puedo dar cuenta y aquello que supera mi capacidad, la vida y la muerte. Como la imagen que acompaña este texto, Shiva - Shakti, el encuentro de lo masculino y lo femenino, Shiva es perceptividad y consciencia, Shakti es creación y cambio. Su sentido de sabiduría es así darle cabida a aquello que en principio parece quedar excluido desde la perspectiva dual-racional. La poesía y parábolas taoístas, así como los aforismos de Ciorán, restituyen el poder simbólico del lenguaje.


La perspectiva dual-racional, esa que ha conquistado ontológicamente nuestra identidad moderna occidental, es la misma que nos invita a dejar siempre un lado por fuera, nos coloca en el penoso trabajo de elegir equívocamente -pues la elección misma es un falso dilema-, y tiene el inevitable efecto de fragmentación - ; esto es, de dejar excluidos, esparcidos, apartados, no nombrados, elementos que ocuparán en adelante un lugar fantasmal en nuestra sombra individual o colectiva. "Lo que niegas te somete, lo que aceptas te libera", frase del sabio Carl Jung que conecta con esto.


En el saber ancestral de la mayoría de los sistemas religiosos antiguos existía una consciencia natural sobre la importancia de la inclusión de las polaridades. El yin y el yang en el taoísmo, Yanantin y Mansintin en la religión andina, son ejemplos claros de ello. Esta consciencia intuye el efecto negativo de la desintegración (fragmentación), de la ruptura, y es por esto que diversos trabajos en el terreno en la antropología y la psicología dan cuenta de sociedades ancestrales donde no hay presencia de lo que entenderíamos en nuestro lenguaje como neurosis.

La neurosis y/o "las enfermedades del alma" poseen su raíz en esta fragmentación. Es labor del terapeuta y del iniciado acompañar a recomponer esto que se ha roto a través de una comprensión de la dinámica de estos opuestos y del reestablecimiento del equilibrio dinámico, y no desde el lugar de contribuir a acentuar dicha polaridad. Penosamente, en el terreno de la ayuda es algo que veo con frecuencia.


"Todo pensamiento debería recordar la ruina de una sonrisa" es una fantástica frase que es, por un lado, un señalamiento a los excesos de este modelo dual-racional, y por otro lado, una optimista invitación a conectar con la parte dionisíaca, por lo general excluida, de la vida. Conectado con el sentido hedonista y del culto al autoconocimiento de los estoicos, tanto desde la perspectiva de lo sensible, lo lúdico, la danza, el éxtasis, y también desde una búsqueda de comprensión de lo oscuro, lo misterioso, lo inexplicable, lo no visible.


Este ser moderno racional en el que nos hemos convertido observa temeroso y ansioso esta invitación de Ciorán. Por un lado, siente que el dudar de aquello "que es" puede llevarle a la locura, a "perder la razón", y por otro lado, siente que sería una locura no permitirnos perder de nuevo un poco la razón y reconectar con la intuición y el misterio.